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Los Nuevos
Pedro Mairal
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Passages
9 of 27, in reading order
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01
Bruno extraña lugares de Buenos Aires donde nunca estuvo. Se obsesiona con una cuenta que se llama The Walking Conurban y mira las fotos como descifrando algo. Las casas bajas con rejas, con alambre de púas, con árboles bien verdes. Una pileta de lona en la vereda de tierra con una sombrilla clavada al costado, al fondo la pared de ladrillo a la vista, los cables eléctricos, el techo de chapa. El detalle de una pelota de plástico flotando en el agua. Y piensa lo que daría por tener calor, caminar con calor por la calle, pasar por ahí, tirarse vestido a la pileta, en esas navidades infernales de 30 grados a la sombra. Tomarse el tren en una estación de las afueras, ver a ese Spiderman esperando derrotado en el andén, ese caballo metiendo la cabeza en un supermercado, pasar por esas fotos, mirar los Minions armados con garrafas de gas pintadas de amarillo, los murales de Maradona, los quioscos con Homero Simpson mal dibujado, los dinosaurios de cemento en un patio delantero, los perros en la terraza, un tanque de agua con forma de pava gigante dominando la cuadra como un símbolo sagrado. Mira por la ventana la nieve sucia en el espacio que separa los edificios de ladrillo de los dormitorios del Cole Hall, un espacio que no es jardín ni parque ni estacionamiento, solo un plano gris de cemento donde se acumuló la nieve y donde los chicos de campera roja de mantenimiento abrieron unos senderos con unas máquinas barredoras.
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02
Eso era trabajar: seguir haciéndolo, erguido y sin quejarse, cuando a tu alma le acaban de pegar una certera patada en las pelotas.
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03
Antes de levantarse buscó en YouTube un gospel que tocaban en el templo y que le había quedado resonando. You got to walk, that lonesome valley. La canción decía: Tenés que atravesar el desierto solo, nadie puede atravesarlo por vos.
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04
Corrió por el campus. Hubiera querido pegar grandes saltos, volar por encima de los edificios, aterrizar, volver a saltar por sobre las copas de los árboles negros, por arriba de la nieve, alejarse del frío hasta un lugar con calor, con Thiago y Pilar en Buenos Aires, bajando una cerveza de litro en la vereda de Aráoz donde el quiosquero colombiano ponía cumbias rebajadas a las dos de la mañana. Corría pesado como sin rumbo, algunos lo miraron medio alarmados, como si hubiera habido una emergencia. Llegó hasta la orilla del lago, caminó sobre el hielo, recuperando el aliento, se cayó de rodillas, le pegó piñas al hielo como queriendo romperlo para sacar de adentro a Mei pero a aquella otra Mei que lo quería, sacarla del agua negra, descongelarla, sacar a su viejo de traje, levantarlo del saco y de la corbata, salvarlo, abrir un agujero con un hacha y sacar a Thiago, rescatarlo del quilombo en el que se había metido, sacarlo al pelotudo de Minnesota y pedirle disculpas, pero el hielo no se abría y se lastimó los nudillos y ahí abajo de la gruesa capa de hielo blindado solo estaba su mamá con un tapado verde pasando lenta horizontal a la deriva con mil mensajes para hacerle escuchar y mil recomendaciones y advertencias, solo su vieja estaba ahí porque podía sobrevivir sin respirar en las aguas bajo cero como esas carpas de Prusia que sobreviven congeladas hasta que llega la primavera.
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05
— Mirá, boludingui. — Le gustaba decir boludingui (a ella se lo copié para decírtelo a vos, Thiaguito, boludín, boludingui)— . Manejar es manejarse. Manejarse por la vida… — ¡Pero voy a chocar de nuevo! — No vas a chocar. Te prometo que no vas a chocar. — Pero, Tita, ¿para qué voy a hacer esto, si existen colectivos, subtes, taxis, existe Uber? ¡Ya hay autos que se manejan solos! Se me quedó mirando y me dijo: — Pensé que eras más valiente.
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06
Te gusta que describa pajas, eh. Sí. Toda paja es un poema. Empieza, invoca, se tensa, aparece el fantasma, hace cumbre y de pronto se desbarranca.
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07
Literature only, dice el bolsillo del asiento de adelante para que solo pongas libros, diarios o revistas, nada pesado que pueda salir volando en caso de turbulencia. Solo literatura. Otro título posible de algo que ya debe existir. En caso de turbulencia. En caso de incendio. Abróchese el cinturón…
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08
Por fin me sacaron los brackets y me sentí menos monstrua. La Lunga me puso un colchón en su dormitorio y empezamos a salir cada vez más seguido hasta la madrugada. Terminé varias veces cogiendo en telos y baños de bares de Palermo con cualquier boludo. Un cuarentón pija muerta en el baño de Mamita. Un baterista no muy bañado después de un recital en Niceto. Un carilindo en el Macondo que me quería dar levantándome contra la pared pero yo me caía y me resbalaba porque él estaba demasiado borracho para agarrarme bien. Y el peor fue en Kika, un holandés errante, sin forro, y con un colorido epílogo de vómito de daiquiri de frutilla. No tengo mucho para decir al respecto. No aprendí nada, no saqué ninguna conclusión, no me arrepiento, no me vanaglorio, no volví más fuerte, ni más rota, ni más experimentada, solo atravesé esas noches desde fines de febrero hasta que salí por la otra punta a mediados de marzo, con un temblor en el hígado. Y en algún momento bastante borrachina te mandé un mensaje. Te extraño, no me dejan ir a visitarte, me pusiste. ¿Y vos qué me contestaste? ¿Qué? ¿No te acordás? No. Cuando salga te voy a coger tanto en posición perrito que en año nuevo te van a dar miedo los petardos. Un poeta popular.
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09
Toda época es fea, lo que pasa es que la tenés demasiado encima para darte cuenta.
A portion of what I highlighted, up to 1,000 words per book.