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Confianza en Uno Mismo
Ralph Waldo Emerson
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Passages
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loc. 29
Lanza al niño contra las rocas, que chupe de la ubre de una loba que hiberne con el halcón y la zorra, que manos y pies sean su fuerza y sus alas.
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loc. 36
Por familiar que nos resulte la voz de la mente que nos habla, la alta estima en que tenemos a Moisés, Platón y Milton se debe a que hicieron caso omiso de los libros y las tradiciones, y se expresaron con sus propias palabras, no con las palabras de los demás hombres.
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loc. 45
Hay un momento en la formación de todo hombre en que se llega al convencimiento de que la envidia es ignorancia, y la imitación un suicidio; que un hombre debe tomarse a sí mismo como la porción que le ha tocado en suerte, para bien y para mal; que aunque haya abundancia de bienes en el ancho mundo, no obtendrá más grano de trigo para alimentarse que el que él mismo se haya esforzado en cosechar en el bancal de tierra que le ha sido dado.
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loc. 62
¡Qué hermosos designios nos ofrece la naturaleza en el exordio de este texto sobre la presencia y la conducta de niños, e, incluso, animales! Ellos no tienen el espíritu dividido y reacio del que desconfía de su sentimiento porque con su aritmética ha calculado la fuerza y los medios que se oponen a los fines que persigue. Por el contrario, sus espíritus se hayan aún pictóricos, sus ojos no han sido aún colonizados, y cuando les miramos a la cara, nos desconcertamos.
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loc. 81
Estas son las voces que oímos en soledad, pero que se atenúan y disipan a medida que nos integramos en el mundo. No existe sociedad que no conspire contra la condición humana de cada uno de sus miembros. La sociedad es una empresa de capitales cuyos integrantes, con el fin de asegurarse mejor el pan de cada accionista, deciden de común acuerdo renunciar a la libertad y la cultura de quien soporta sus gastos. La virtud más exigida es la aquiescencia. La confianza en uno mismo es aborrecida. No gusta de la realidad ni de los creadores, sino de nombres y costumbres.
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loc. 91
No hay ley más sagrada para mí que la de mi propia naturaleza. Lo bueno y lo malo no son más que nombres perfectamente transferibles de una cosa a otra; lo único correcto es lo que dicta mi manera de ser, lo único equivocado es lo que la contradice.
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loc. 110
Las virtudes son, a juicio del pueblo, más la excepción que la regla. Está el hombre y sus virtudes. En buena medida, los hombres hacen lo que se entiende por una buena acción, un acto valeroso o caritativo, como si estuviesen pagando una multa para expiar su renuencia a desfilar a diario detrás de la procesión pública. Acometen sus obras como una disculpa o un atenuante por vivir en el mundo, al igual que los inválidos o los locos han de pagar caro su alojamiento y manutención. Sus virtudes son su penitencia. Yo no deseo expiar culpas, sino vivir. Mi vida es para vivirla, no para servir como espectáculo. Prefiero con mucho que transcurra en clave menor, que sea más natural y uniforme en vez de rutilante e insegura; quiero que sea sana y apacible, y que no me obligue a dietas ni sangrías. Antes que nada pido pruebas de que trato con un hombre, pero me niego a que al hombre le avalen sus acciones. Sé por experiencia que poco importa si hago o dejo de hacer esas obras que pasan por ser excelentes. No consiento tener que pagar como privilegio aquello que tengo por derecho propio. Por escasos y humildes que sean mis talentos, en verdad yo soy, y no necesito de ningún testimonio secundario para mi propia certidumbre o la de mis semejantes.
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loc. 150
Otro temor que nos aleja de nuestra confianza en nosotros mismos es nuestra propia coherencia, la reverencia que dispensamos a las palabras o actos ya consumados; porque los ojos de los demás no tienen más datos para registrar nuestra trayectoria que esos mismos actos, y aborrecemos defraudarlos. ¿Pero por qué girar la cabeza para mirar hacia el pasado? ¿Por qué arrastrar el cadáver de la memoria, a menos que te contradigas en algo que hayas afirmado en este o en aquel lugar público? Supongamos que tuviéramos que contradecirnos: ¿y qué? La prudencia indica que no hay que confiar nunca exclusivamente en la memoria y casi nunca en los hechos recordados, sino que hay que procurar traer el pasado al juicio de los mil ojos con que miramos el presente y vivir siempre en un nuevo día.
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loc. 171
Habrá acuerdo entre tus acciones más diversas si cada una de ellas fue natural y honesta en su momento. Por heterogéneas que parezcan, las acciones que son fruto de una voluntad unitaria acabarán por ser armoniosas. Todo ese conjunto de disparidades se desvanecerá en cuanto las veas con un poco de distancia, con un poco de altura de miras. Una misma tendencia las dotará de cohesión. La trayectoria en zigzag que sigue el mejor barco es una línea compuesta de cientos de bordadas, pero si la observas a suficiente distancia, comprobarás que tiende a enderezarse hasta formar una línea recta. Una acción auténtica se explica a sí misma, y explicará también el resto de tus acciones auténticas. Tu aquiescencia, en cambio, no explica nada. Actúa sin la ayuda de nadie y lo que ya hayas hecho por tu cuenta justificará tus decisiones en el presente. La grandeza llama a la puerta del futuro. Si, desdeñando lo que piensen los demás, poseo la firmeza suficiente para hacer hoy el bien, es que en el pasado me he prodigado en hacer el bien lo bastante como para que hoy me avale. Sea como sea, haz el bien ahora. Desdeña siempre las apariencias, y así podrás hacer el bien siempre.
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