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Juan
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La Uruguaya

Pedro Mairal

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Passages

7 of 12, in reading order

  1. 01

    Ahí estaba yo viajando a contrabandear mi propia plata. Mis anticipos de derechos de autor. La guita que iba a solucionar todo. Hasta mi depresión y mi encierro, y el gran <<no>> de la falta. No puedo porque no tengo plata, no salgo, no mando la carta, no imprimo el formulario, no voy a preguntar a la agencia, no destrabo la bronca, no pinto las sillas, no arreglo la humedad, no mando el currículum, ¿por qué? Porque no tengo plata.

  2. 02

    Cuando no escribo ni trabajo sube el volumen de las palabras dentro de mi cabeza y me van inundando.

  3. 03

    Vos sabés que lo adoro a mi hijo. Lo quiero más que a nadie en el mundo. Pero a veces me agota, no tanto él sino mi constante preocupación por él. A veces pienso que no tendría que haber tenido un hijo a esta edad. Es horrendo pensarlo, pero se me llenó la vida con un miedo que antes no tenía, miedo de que me pase algo y se quede huérfano, que le pase algo a él, que te pase algo a vos. Es una nueva fragilidad, un lado vulnerable que no conocía. Quizá a los padres más jóvenes no les pasa. A mí me da terror a veces. Cuando corre hasta la esquina y no lo alcanzo y le pego el grito sin saber si va a frenar. Tendría que haber un curso para criar hijos. Tanto curso de preparto y después nace y cuando llegás a tu casa por primera vez no sabés ni dónde ponerlo. ¿Dónde lo apoyás, en qué parte de la casa va ese viejito mínimo, ese haiku de persona? Nadie te enseña. Nadie te advierte lo duro que es no dormir, renunciar a vos mismo a cada rato, postergarte. Porque no volvés a dormir ocho horas seguidas nunca más, tu banda sonora permanente pasa a ser La Reina Batata, para coger tenés que programar con un mes de anticipación un fin de semana sin niños, vas al cine solo a ver películas donde unos peluches hablan en mexicano, y tenés que leer catorce veces por día el librito del rinoceronte. No se perdió el librito del rinoceronte, lo escondí yo en un lugar imposible de encontrar, entre los cuadros sin colgar del placard del pasillo, porque me tenía repodrido. Debe haber quedado ahí hasta la mudanza.

  4. 04

    . Si realmente hicieran un curso integral de cómo criar hijos, nadie los tendría. Hace falta esa ignorancia para que continúe la especie, generaciones de ingenuos que se meten en un baile del que no tienen ni idea. Un curso que anticipe todos los peligros y padecimientos de la paternidad y la maternidad espantaría a todos. Podría estar esponsoreado por alguna marca de preservativos. Salís de ahí y comprás el pack de 120 sin dudarlo.

  5. 05

    La plata, los billetes. Cuando yo era chico mamá me daba «un rojo y un azul» para el quios co ras antiguas, filigranas. Desde esa eso. Los billetes tenían colores, no números. Caépoca en los setenta hasta ahora, San Martín vio pasar trece ceros por el rabillo de su ojo. ¿Y yo cuánta plata le habré costado a mi padre? Desde mi nacimiento en el sanatorio de la prepaga hasta las últimas veces que le pedí un préstamo, poco antes de su muerte. Desde que aparecí en el mundo fui un derroche de billetes: casa, comida, clubes, A colegio inglés, uniformes, ortodoncia, vacaciones en la playa, semanas de esquí, viajes a Europa, regalos, un caballo, universidad privada, nafta, chapa y pintura de varios choques, gran parte de nuestro departamento de Coronel Díaz. Toda esa plata que me había formado, me había hecho pertenecer a un grupo social, una serie de amigos, una manera de hablar, y eso era curioso: la plata había formado mi lengua. Una vez le robaron a mi hermana dos chorros en un taxi y, cuando ella los puteó, uno le dijo al otro: ¿Viste cómo le suena el billete cuando habla? Ese salteado de las consonantes adecuadas: coacola por coca cola, caallo por caballo, ivertido por divertido, too ien por todo bien, neecito por necesito... Los infinitos códigos de clase. Y el precio de mi anglicismo, ¿cuánto había costado formatear esa parte de mi cerebro en otro idioma? Ese sue ño que tuve una vez, de un tipo que gritaba en el cuarto de al lado y cuando yo preguntaba qué le estaban haciendo me decían: Le están extirpando la lengua inglesa.

  6. 06

    Estaba viviendo mi vida. Basta de sublimar con la literatura, inventando historias. Quería vivir la mía. Ver y palpar. Entrar en la realidad. Entrar en Guerra. En guerra contra mi puta fantasía, mi eterno mundo invisible. Me senté en la cama. Probé si rebotaba bien. Quería abrazarla desnuda ahí, su cuerpo real conmigo. Esa era la cama donde pasaría por fin del pensamiento al acto. Vos ya lo habías hecho, pasabas al otro lado del espejo cada tanto, traías de vuelta olores, humores, opiniones, risas, ecos de una intimidad que yo no conocía; después soñabas sola a mi lado. Yo también soñaba solo. En ese momento, ahí sentado en ese cuarto vacío, era una especie de director buscando locaciones para una película que nunca iba a filmar.

  7. 07 ❦

    -El mundo no es para los tipos como vos y yo. Eso de andar con varias minas, ganar mucha guita, reventarla, tener autos caros. No nos sale. Vos no podés porque en el fondo no querés. Preferís ser melancólico, como yo. Te incomoda la plusvalía.

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