// shelf 2025
Nexus
Yuval Noah Harari
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Passages
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01
La mitología y la burocracia son los pilares gemelos sobre los que se apoya toda sociedad a gran escala. Pero, mientras que la mitología suele inspirar fascinación, la burocracia suele inspirar sospecha. Es frecuente que, a pesar de los servicios que proporcionan, ni siquiera las burocracias beneficiosas consigan ganarse la confianza del público. Para mucha gente, el propio término, «burocracia», tiene connotaciones negativas. Esto se debe a que, por naturaleza, discernir si un sistema burocrático es beneficioso o perjudicial entraña dificultades.Porque todas las burocracias, buenas o malas, comparten una característica clave: para los humanos es difícil entenderlas.] Cualquier niño puede identificar la diferencia entre un amigo y un abusón. El lector sabe si alguien comparte con él su almuerzo o, por el contrario, se lo quita. Pero, cuando el recaudador de impuestos nos pide una parte de nuestras ganancias, ¿cómo podemos saber si es para construir un nuevo sistema de alcantarillado público o una dacha privada para el presidente? No es fácil obtener toda la información relevante, y todavía menos interpretarla. Asimismo, a los ciudadanos les cuesta entender los procedimientos burocráticos que determinan cómo se admite a un alumno en un colegio, cómo tratan los hospitales a los pacientes o cómo se recoge y se recicla la basura. Verter acusaciones de discriminación, fraude o corrupción en redes no lleva más de un minuto, mientras que para demostrarlas o refutarlas se necesitan semanas de arduo trabajo.
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02
La definición de la democracia como una red de información distribuida con mecanismos de autocorrección sólidos contrasta claramente con la idea común pero errónea que equipara la democracia solo con las elecciones. Las elecciones son una parte fundamental de la caja de herramientas democrática, pero no son la democracia. En ausencia de mecanismos de autocorrección adicionales, unas elecciones pueden amañarse con facilidad. Por sí solas, unas elecciones completamente libres y justas no garantizan la democracia. Porque «democracia»> no es lo mismo que «dictadura de la mayoría». Supongamos que, en una elección libre y justa, el 51 por ciento de los votantes elige un Gobierno que, más adelante, envía a un 1 por ciento de los votantes a campos de exterminio porque pertenecen a una odiada minoría religiosa. ¿Acaso es esto democrático? Es evidente que no. El problema no es que el genocidio exija una mayoría cualificada de más del 51 por ciento. No es que en caso de que el Gobierno obtenga el respaldo del 60 por ciento, o incluso del 99 por ciento de los votantes, sus campos de exterminio acaben por considerarse democráticos. Una democracia no es un sistema en el que una mayoría, del tamaño que sea, puede decidir exterminar a las minorías impopulares; es un sistema en el que se ponen límites claros al poder del centro. Supongamos que el 51 por ciento de los votantes eligen un Gobierno que a continuación elimina el derecho al voto del otro 49 por ciento, o quizá solo del 1 por ciento. ¿Es esto democrático? De nuevo, la respuesta es no, y no tiene nada que ver con las cifras. Privar del derecho al voto a los rivales políticos desmantela uno de los mecanismos de autocorrección fundamentales de las redes democráticas. Las elecciones son un mecanismo para que la red diga: «Hemos cometido un error; probemos otra cosa». Pero, si el centro puede privar a voluntad a la gente del derecho al voto, dicho mecanismo de autocorrección queda anulado.
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03
Ciertas personas pueden ver los sistemas de puntuación social como una manera de recompensar una conducta prosocial, castigar actos egoístas y crear sociedades más amables y armoniosas. El Gobierno chino, por ejemplo, explica que sus sistemas de puntuación social podrían contribuir a luchar contra la corrupción, las estafas, la evasión de impuestos, los anuncios engañosos y las falsificaciones, y así reforzar la confianza entre individuos, entre clientes y empresas, y entre ciudadanos e instituciones gubernamentales. 50 Otros pueden considerar que los sistemas que atribuyen valores precisos a toda acción social son degradantes e inhumanos. Peor aún, un sistema de puntuación social completo aniquilará la privacidad y convertirá la vida en una interminable entrevista de trabajo.
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04
Desde luego, hay contextos en los que lo que queremos de alguien no es solo que entienda nuestros sentimientos, sino también que tenga sentimientos propios. Cuando buscamos amor o amistad, queremos sentir el cariño de los demás tanto como ellos sienten el nuestro. En consecuencia, cuando consideramos la posibilidad de que varios empleos y funciones sociales se automaticen, una predebemos plantearnos es qué es lo que en gunta fundamental que realidad quiere la gente: ¿solo quieren resolver un problema o buscan establecer una relación con otro ser consciente? En los deportes, por ejemplo, los robots pueden moverse mucho más deprisa que los humanos, pero no nos interesa ver unas Olimpiadas en las que quienes compiten sean robots.15 Lo mismo se aplioca a los maestros de ajedrez humanos. Aunque ya es irremediable que un ordenador los derrote, siguen teniendo un empleo y numerosos seguidores.16 Preferimos observar y conectar con atletas maestros del ajedrez humanos porque sus sentimientos los hacen mucho más cercanos que un robot. Compartimos con ellos una experiencia emocional y podemos empatizar con cómo se sienten. ¿Y qué hay del clero? ¿Cómo se sentirían los cristianos si un robot oficiara su ceremonia nupcial? En las bodas cristianas tradicionales, las tareas del sacerdote pueden automatizarse con facilidad. Lo único que el robot tiene que hacer es repetir una serie invariable de textos y gestos, imprimir un certificado y poner al día una base de datos central. Técnicamente, para un robot es mucho más fácil dirigir una ceremonia matrimonial que conducir un automóvil. Pero mucha gente supone que los conductores humanos deberían preocuparse por sus puestos de trabajo, mientras que el trabajo de slos clérigos humanos está asegurado porque lo que los fieles buscan en ellos es una relación con otra entidad consciente, y no solo una repetición mecánica de determinadas palabras y movimientos. En teoría, solo una entidad capaz de sentir dolor y amor puede conectarnos con la divinidad.
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