// shelf 2025
Milei
Ernesto Tenembaum
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Passages
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01
«¿Qué puede hacer el gobierno para ayudar a los pobres? La única respuesta correcta es: apartarse». Rothbard ha sostenido, también, que los planes sociales son incompatibles con una sociedad libre. Sus argumentos eran predecibles: solo se pueden obtener esos recursos por medio de impuestos, es decir, de un robo compulsivo. Y agregaba algunos postulados específicos: «La situación económica de las personas tiende a ser, en el largo plazo, fruto de su propia responsabilidad interna, más que a estar determinada —como los seudoprogresistas socialdemócratas coinciden en afirmar— por factores externos. Gran parte del persistente desempleo de la clase baja, y por ende de la pobreza, es consecuencia de una decisión voluntaria de los propios desplazados… Si el principal problema con los pobres de clase baja es que son irresponsables y solo les interesa el presente, y si es preciso inculcarles los valores burgueses de preocupación por el futuro para lograr que salgan de la beneficencia y de la dependencia, entonces en alguna instancia esos valores deberían ser incentivados y no desalentados en la sociedad… La fácil disponibilidad del cheque de la asistencia social obviamente promueve en los beneficiarios la actitud de pensar solo en el presente, la renuencia a trabajar y la irresponsabilidad».
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02
Así, usó estos ejemplos para explicar que el mundo occidental estaba viviendo una batalla cultural en todos los frentes. «La cultura es poder. La cultura no es el cuadrito que uno ve, no sé, de Mickey Mouse. La cultura no es simplemente Los Pibes Chorros, ¿no? A ver, la cultura hoy es el factor de poder más importante que rige la posmodernidad. Los instrumentos de difusión cultural son más poderosos que nunca antes. Televisión, internet, Netflix, Hollywood, todo eso. Es decir, hay industrias, hay megaindustrias culturales. Una revolución ya no se opera en la fábrica, en la industria, levantando a la clase obrera, sino que se opera en esos centros de poder cultural».
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03
Laje va a explicar una y otra vez que, cuando habla contra el feminismo o contra las mujeres trans, en realidad, defiende la libertad. Es una forma de verlo. Tal vez, en nombre de la lucha por libertad, lo que intenta hacer es limitarla, coartarla, imponer su propio diseño de ingeniería social. Lo que presenta como una defensa de la libertad y el capitalismo también puede ser visto como un intento de restauración de un orden perdido, justamente, gracias a la evolución del capitalismo y la libertad.
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04
El politólogo Pablo Stefanoni venía observando con mucha atención lo que pasaba en el mundo con fenómenos parecidos y publicó un libro anticipatorio: ¿La rebeldía se volvió de derecha? Allí escribió: «En las últimas décadas, en la medida en que se volvió defensiva y se abroqueló en la normatividad de lo políticamente correcto, la izquierda, sobre todo en su versión “progresista”, fue quedando dislocada en gran medida de la imagen histórica de la rebeldía, la desobediencia y la transgresión que expresaba. Parte del territorio perdido en su capacidad de expresar la indignación social fue ganándolo la derecha, que se muestra eficaz en un grado creciente para cuestionar el “sistema”. En otras palabras, estamos ante derechas que le disputan a la izquierda la capacidad de indignarse frente a la realidad y de proponer vías para transformarla». «En rigor no se trata de un fenómeno por completo nuevo. Un clima semejante se vivió en las décadas de 1920 y 1930 mientras el mundo se enfrentaba a la decadencia de Occidente y, sobre todo, a la crisis de la democracia liberal. El historiador Zeev Sternhell interpretó al fascismo no como una simple y pura contrarrevolución, sino como una suerte de revolución alternativa a la que proponía el marxismo. No se jugaba, entonces, una batalla entre el futuro y el pasado, aunque el fascismo movilizara imágenes del pasado en una clave retroutópica: se trataba de una disputa por construir futuros posibles y deseables».
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05
Y ahí estaba la coronación de ese esfuerzo: esa multitud, tan distinta de lo que siempre había sido el liberalismo tradicional y conservador. No estaban allí los señoritos de las escuelas bilingües —o al menos no se los veía—, no estaban los liberales trajeados y políticamente correctos, ni los economistas. Milei empezaba a lograr algo que nadie había conseguido hasta ese momento en la historia argentina: la creación de un liberalismo popular y, además, agresivo, provocador, insolente, plebeyo, que no pretendía dar explicaciones sobre nada.
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06
Luego de salir de la Jefatura de Gabinete en 2019, Marcos Peña escribió un texto muy agudo sobre la presión que sufren los políticos de primera línea, y especialmente los que deben ejercer el poder. Algunas de sus reflexiones eran muy atinadas: – «A medida que uno crece en la carrera política y va asumiendo más tareas, se dispara un mecanismo de defensa que te lleva al modo supervivencia, un modo que en cada persona se vive distinto, pero que generalmente te pone a la defensiva, más desconectado de las emociones, menos capaz de empatizar con otras personas. Vivir en permanente conflicto, defendiendo posiciones, tomando decisiones, recibiendo críticas y ataques, nos lleva a un modelo adictivo, donde la operación táctica se vuelve la droga del día a día». – «A esa dinámica complicada se le agrega el condimento de la fama y la exposición pública. Ser muy conocido en una sociedad hipercomunicada como la que vivimos es algo que tiene un impacto sobre la persona y su familia. No es neutro ni natural. Restringe tu libertad, impacta sobre toda la gente que te rodea, redefine relaciones. En resumen, aumenta la soledad y potencia esos mecanismos defensivos». – «En general, la ciencia política no se concentra en entender la fama y cómo impacta sobre una persona. Además, es algo que mutó mucho en los últimos años, con el avance de la comunicación digital. Pensemos que el celular inteligente se masificó en los últimos diez años, explotando así plataformas como YouTube, WhatsApp, Facebook, Instagram o plataformas como Netflix y Spotify, que no existían hasta hace relativamente poco».
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