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Serotonina
Michel Houellebecq
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Passages
11 of 22, in reading order
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01
Había preparado mi maleta la víspera, ya no tenía nada más que hacer antes de marcharme. Era un poco triste constatar que no tenía ningún recuerdo personal que llevarme: ninguna carta, ninguna foto, ni siquiera un libro, todo eso estaba en mi MacBook Air, un paralelepípedo delgado de aluminio pulido, mi pasado pesaba 1.100 gramos.
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02
A decir verdad, yo me sentía cada vez más a disgusto con mi empleo. Nada establecía claramente la peligrosidad de los transgénicos, y los ecologistas radicales eran en su mayoría unos imbéciles ignorantes, pero nada establecía tampoco su inocuidad, y mis superiores en la empresa eran simplemente unos mentirosos patológicos.
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03
los años de estudiante son los únicos felices, los únicos en los que el porvenir parece despejado, en que todo parece posible, después la vida adulta, la vida profesional, no es más que un lento y progresivo estancamiento, sin duda por eso las amistades de la juventud, las que entablas durante los años de estudio y que en el fondo son las únicas verdaderas, nunca sobreviven a la entrada en la madurez, evitamos volver a ver a los amigos de juventud para no confrontarnos con los testigos de nuestras esperanzas frustradas, con la evidencia de nuestro propio aplastamiento.
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04
Para mí era un nuevo estilo de vida, cuya posibilidad nunca había imaginado con Claire, y que estaba llena de atractivos insospechados, bueno, lo que quiero decir es que Camille tenía ideas sobre la manera de vivir, la colocabas en una pequeña localidad normanda perdida en medio del campo y ella veía enseguida el modo de sacar el mayor partido del lugar. Los hombres, en general, no saben vivir, no tienen ninguna familiaridad real con la vida, nunca se sienten en ella totalmente a gusto, por eso persiguen diferentes proyectos, más o menos ambiciosos o más o menos grandiosos, depende, claro está, fracasan y llegan a la conclusión de que habría sido mejor, simplemente, dedicarse a vivir, pero suele ser demasiado tarde.
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05
De aquel período en Clécy solo conservo dos fotografías, me imagino que teníamos demasiado que vivir como para perder el tiempo en selfies, pero quizá esta práctica estaba menos extendida entonces, el desarrollo de las redes sociales era todavía embrionario, si es que existían; sí, sin duda, por entonces la gente vivía más.
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06
A semejanza de los agonizantes, yo intentaba probablemente organizar, a una escala más reducida pero que podía servir de entrenamiento, un miniceremonial de despedida de mi libido o, para decirlo más concretamente, de mi polla, a la hora en que ella me indicaba que se disponía a terminar su servicio; deseaba volver a ver a todas las mujeres que la habían honrado, que la habían amado a su manera. Por otra parte, los dos ceremoniales, el pequeño y el grande, serían en mi caso casi idénticos, las amistades masculinas habían contado poco en mi vida, en el fondo solo había estado Aymeric. Es curiosa esta voluntad de establecer un balance, de convencerse en el último momento de que se ha vivido; o quizá de que no se ha vivido en absoluto, lo horrible y extraño es lo contrario, es horrible y extraño pensar en todos esos hombres, en todas esas mujeres que no tienen nada que contar, que no contemplan otro destino futuro que el de disolverse en un vago contínuum biológico y técnico (porque las cenizas son técnicas, incluso cuando no están destinadas a servir de abono, hay que evaluar los índices de potasio y nitrógeno), en todos los que, en suma, han vivido una vida sin incidentes externos, y que la abandonan sin pensar, como se abandona un lugar de vacaciones simplemente correcto, sin tener pensado un destino posterior, solo con esa vaga intuición de que habría sido preferible no nacer, bueno, hablo de la mayoría de los hombres y las mujeres.
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07
está claro que no se puede hacer nada con la vida de la gente, me decía, ni la amistad ni la compasión ni la psicología ni la comprensión de las situaciones tienen la menor utilidad, la gente se fabrica ella misma el mecanismo de su desdicha, le da cuerda y luego el mecanismo sigue girando, ineluctable, con algunos fallos, algunas debilidades cuando la enfermedad interviene, pero sigue girando hasta el final, hasta el último segundo.
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08
Durante las semanas siguientes practiqué como mínimo dos horas todas las mañanas. No puedo decir que olvidara «todas mis preocupaciones», sería exagerado, pero es cierto que cada mañana atravesaba un período de calma y de paz relativa. Además el Captorix ayudaba, era innegable, mis dosis cotidianas de alcohol seguían siendo moderadas; también era reconfortante comprobar que tomaba la dosis de 15 mg, un poco por debajo de la dosis máxima. Desprovisto tanto de deseos como de razones para vivir (¿eran equivalentes los dos términos?; la cuestión era difícil, no tenía una opinión bien formada al respecto), mantenía la desesperación a un nivel aceptable, se puede vivir desesperado, e incluso la mayoría de la gente vive así, no obstante de vez en cuando se pregunta si puede concederse una bocanada de esperanza, bueno, se lo pregunta antes de responder negativamente. Sin embargo persevera, y se trata de un espectáculo impactante.
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09
No podía pensar en el futuro, ni en el pasado, y tampoco en el presente, pero el principal problema era sobre todo el futuro inmediato.
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10
El centro comercial Leclerc de Coutances era otra cosa, aquello era realmente la gran, la muy gran distribución. A lo largo de estanterías interminables había allí productos alimenticios de todos los continentes, y casi sentí vértigo al pensar en la logística movilizada, en los inmensos portacontenedores que atravesaban los mares inciertos. Mira en esos canales dormir esos barcos de humor vagabundo; para saciar tu menor capricho vienen del fin del mundo.
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11
yo tendría cinco años, era un poco más mayor que el hijo de Camille, pero entonces veía la vida como una sucesión de felicidades que solo podían agrandarse y deparar en el futuro una felicidad cada vez más variada y más grande
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